Moby Dick. Version ilustrada

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En referencia a todo esto, es muy de lamentar que los topes de un barco ballenero de la pesquería del sur no dispongan de esos envidiables pequeños refugios o púlpitos llamados nidos de cuervo, en los que los vigías de un ballenero de Groenlandia están protegidos de las inclemencias atmosféricas de los mares helados. En la hogareña narración del capitán Sleet, titulada Un viaje entre los icebergs en busca de la ballena de Groenlandia, y subsidiariamente para el redescubrimiento de las perdidas colonias islandesas de la antigua Groenlandia, en este admirable volumen[47] se proporciona a todos los ocupantes de topes una relación encantadoramente detallada del entonces recientemente inventado nido de cuervo del Glacier, que era el nombre del buen navío del capitán Sleet. Él lo llamó nido de cuervo de Sleet en honor a sí mismo, pues el inventor original y poseedor de la patente era él, ajeno a toda ridícula falsa modestia y sosteniendo que si llamamos a nuestros hijos con nuestro propio apellido (siendo nosotros, los padres, los inventores originales y los poseedores de la patente), del mismo modo deberíamos denominar con nuestro propio nombre a cualquier otro mecanismo que podamos engendrar. En su forma, el nido de cuervo de Sleet es algo así como un gran barril o tonel; está abierto, no obstante, por arriba, donde dispone de una pantalla lateral móvil, para durante un temporal situarla a barlovento de la cabeza. Al estar sujeto a la porción superior del mástil, se asciende a él a través de una pequeña escotilla en el fondo. En la parte posterior, o lado más cercano a la popa del barco, hay un confortable asiento, con un compartimento debajo para paraguas, bufandas y abrigos. Al frente hay un anaquel de cuero en el que guardar la bocina, el silbato, el telescopio y otros utensilios náuticos. Cuando el capitán Sleet en persona ocupó su tope en este nido de cuervo suyo, nos dice que siempre tenía consigo un rifle (también sujeto al anaquel), junto a un frasco de pólvora y munición, con el propósito de matar a los narvales extraviados, o unicornios de mar vagabundos que infestan aquellas aguas; pues, a causa de la resistencia del agua, no puedes dispararles con éxito desde cubierta, mientras que disparar hacia abajo sobre ellos es algo muy distinto. Ahora bien, fue claramente una tarea hecha con amor, la del capitán Sleet, al describir, tal como hace, todas las pequeñas comodidades de su nido de cuervo; pero aunque de esa manera se explaya sobre muchas de ellas, y aunque nos proporciona un informe muy científico de sus experimentos en este nido de cuervo con una pequeña brújula que guardaba allí, con el propósito de contrarrestar los errores resultantes de lo que en todos los imanes de bitácora se conoce como «atracción local» (un error imputable a la proximidad horizontal del hierro de las planchas del buque, y quizá también, en el caso del Glacier, a haber habido tantos herreros venidos a menos entre la tripulación[48]), digo que aunque el capitán es muy meticuloso y científico en este asunto, aun así, a pesar de todas sus ilustradas «desviaciones de bitácora», «observaciones azimutales del compás» y «errores aproximados», el capitán Sleet sabe muy bien que no estaba tan inmerso en esas profundas desviaciones magnéticas como para dejar de sentirse atraído de vez en cuando por esa pequeña cantimplora bien llena, tan convenientemente alojada a un lado de su nido de cuervo, a fácil alcance de su mano. Por más que, en conjunto, yo admiro e incluso aprecio al valiente, honrado e ilustrado capitán, aun así, me sabe muy mal de él que ignore tan absolutamente esa cantimplora, teniendo en cuenta qué fiel amiga y qué consuelo debió ser, cuando, con dedos embutidos en manoplas y cabeza encapuchada, estudiaba los cálculos allí arriba, en aquel nido de pájaros, a veinte o treinta cuerdas del polo[49].


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