Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada En uno de estos balleneros del sur, en un viaje largo de tres o cuatro años, como a menudo son, la suma de las horas que se pasan en el tope equivaldría a varios meses completos. Y es muy de lamentar que el lugar al que se dedica una porción tan considerable de la extensión completa de la vida natural esté tan tristemente desprovisto de algo que se asemeje a una cómoda habitabilidad, o que se adapte a producir un confortable sentimiento de intimidad, similar a los que se asocian a una cama, una hamaca, un féretro, una garita de centinela, un púlpito, una carroza, o cualquier otro pequeño y cómodo artificio en el que los hombres se aíslan temporalmente. El lugar más común para situarse es el mastelerillo, donde uno se apoya sobre dos delgados listones paralelos (casi exclusivos de los balleneros) llamados cruceta del mastelerillo. Ahí, sacudido por el mar, el novato se siente tan cómodo como si estuviera de pie sobre los cuernos de un toro. Por supuesto, con tiempo más bien frío uno se puede llevar arriba su casa en forma de sobretodo de vigía; pero, hablando con propiedad, el más grueso sobretodo no es más casa que el cuerpo desvestido; pues al igual que el alma está encolada dentro de su tabernáculo carnal, y no puede removerse libremente en él, ni tampoco salir fuera sin correr gran riesgo de perecer (como un ignorante peregrino cruzando los nevados Alpes en invierno), así un sobretodo de vigía no es apenas casa, sino simple envoltorio o piel adicional que lo cubre a uno. No se puede poner una estantería o una cómoda en el propio cuerpo, y tampoco se puede hacer del sobretodo un armario apropiado.