Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Puede que parezca injustificable equiparar en algún aspecto a los ocupantes de topes de tierra con los de la mar; pero que en verdad no es así lo evidencia claramente un suceso del que da fe Obed Macy, el único historiador de Nantucket. El encomiable Obed nos dice que en los primeros tiempos de la pesca de la ballena, antes de que se botaran barcos regularmente para perseguir a las presas, las gentes de la isla erigían elevados postes a lo largo de la costa, a los que los vigías ascendían por medio de cuñas clavadas, más o menos como las aves suben a un gallinero. Hace algunos años este mismo sistema fue adoptado por los balleneros de Bay, en Nueva Zelanda, que, al avistar la presa, daban aviso a las lanchas con la tripulación ya dispuesta en la cercana playa. Pero este sistema se ha quedado obsoleto; volvamos, entonces, al auténtico tope, al de un ballenero en alta mar. Desde que amanece hasta que anochece los tres topes están ocupados; los marineros hacen turnos con regularidad (como a la caña) y se relevan entre sí cada dos horas. En el tiempo sereno de los trópicos el tope es enormemente agradable; más aún; para un hombre meditativo y soñador, es delicioso. Allí estás, a cien pies sobre las silenciosas cubiertas, avanzando a grandes pasos sobre las profundidades, como si los mástiles fueran zancos gigantes, mientras por debajo de ti y, como si dijéramos, entre tus piernas, nadan los mayores monstruos del mar de la misma manera que una vez navegaron los barcos entre las botas del famoso Coloso de la antigua Rodas. Allí estás, perdido en la infinita secuencia del mar, nada hay rugoso salvo las olas. El barco adormilado se mece, indolente; soplan los somnolientos vientos alisios; todo incita a la molicie. En esta vida ballenera del trópico, una sublime monotonía te arropa durante la mayor parte del tiempo: no oyes noticias; no lees gacetas; los números extraordinarios con alarmantes informes de vulgaridades nunca te inducen a emociones innecesarias; no oyes hablar de aflicciones domésticas, ni de seguros de quiebra, ni de caída de valores; nunca te preocupa la idea de qué tendrás para cenar… Pues todas las comidas de los próximos tres años, y más, están adecuadamente almacenadas en barriles, y la factura de tu alimentación es inmutable.