Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Desde hacía algún tiempo, aunque sólo a intervalos, la desasistida y seclusa ballena blanca había batido esos incivilizados mares más frecuentados por los balleneros del cachalote. Pero no todos sabían de su existencia; comparativamente, sólo unos pocos la habían visto siendo conscientes de hacerlo; mientras que el número de los que hasta el momento, en realidad y en conciencia, le habían presentado batalla era ciertamente pequeño. Pues a causa del gran número de buques balleneros; de la forma desordenada en que estaban esparcidos sobre la entera circunferencia acuática, siguiendo muchos de ellos aventuradamente su batida por solitarias latitudes, de manera que a lo largo de una docena continua de meses, o más, raramente o nunca encontraban ni una sola vela confidente de cualquier clase; de la descomunal longitud de cada distinta expedición; de la irregularidad de las épocas para zarpar desde puerto; todo ello, junto con otras circunstancias directas e indirectas, entorpecía enormemente la difusión, a través del conjunto de la flota ballenera mundial, de los especiales sucesos individualizadores referidos a Moby Dick. No había duda de que varias embarcaciones informaban haber encontrado, en tal o en cual momento, o en tal o en cual meridiano, un cachalote de inusual magnitud y malignidad; la cual ballena, tras causar grandes desgracias a sus atacantes, se les había escapado limpiamente: para algunas mentes no era presunción impropia, digo, que la ballena en cuestión no podía haber sido otra que Moby Dick. Sin embargo, como la pesquería del cachalote recientemente se había distinguido por trances diversos y no infrecuentes de gran ferocidad, ingenio y malicia por parte del monstruo atacado, era debido a eso que todos los que por accidente habían presentado batalla a Moby Dick sin saberlo; esos cazadores quizá en su mayor parte estaban conformes con atribuir el terror particular que generaba más a los peligros de la pesquería del cachalote en general que a la causa individual. De esa manera sobre todo había sido hasta el momento popularmente contemplado el infortunado encuentro entre Ajab y la ballena.