Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Tampoco los incontrolados rumores de todo tipo dejaron de exagerar, y aún más acentuar, el horror de las historias ciertas de estos mortales encuentros. Pues los rumores legendarios no sólo surgen de manera natural del propio cuerpo de todos los acontecimientos sorprendentes y terribles… del mismo modo que el tronco caÃdo procrea sus propios hongos; sino que, en la vida marÃtima mucho más que en la de tierra firme, los rumores incontrolados abundan siempre que existe alguna realidad adecuada a la que puedan adherirse. Y de la misma manera que el mar sobrepasa a la tierra en este asunto, asà la pesquerÃa de la ballena sobrepasa a cualquier otro tipo de actividad marÃtima en la fascinación y el espanto de los rumores que a veces circulan por ella. Pues no sólo no están exentos los pescadores de la ballena, como colectividad, de la ignorancia y superstición hereditaria de todos los marineros; sino que, de todos los marineros, son ellos, con total seguridad, los que más directamente son puestos en contacto con todo lo que es pavorosamente sobrecogedor en el mar; ellos no sólo observan cara a cara sus más grandes portentos, sino que los combaten, mano contra mandÃbula. Solo, en tan remotas aguas que aunque navegarais mil millas y recorrierais mil costas no llegarÃais a ningún hogar labrado en piedra, ni a lugar acogedor alguno bajo esa parte del sol; en tales latitudes y longitudes, persiguiendo además el designio que persigue, el pescador de la ballena está rodeado de influjos que tienden todos a preñar su fantasÃa de una profusión de pujantes alumbramientos.