Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada No es probable que esta monomanía suya surgiera instantáneamente en el preciso momento de su desmembración corporal. Pues al abalanzarse sobre el monstruo, cuchillo en mano, sólo había dado rienda suelta a una repentina y apasionada animosidad física; y cuando recibió el embate que le desgarró probablemente sintió tan sólo la agonizante laceración corporal, y nada más. No obstante, cuando fue forzado por este encuentro a regresar a puerto, y durante largos meses de días y de semanas Ajab y la angustia yacieron tumbados juntos en un coy, bordeando en mitad del invierno ese desolado, aullante cabo de la Patagonia; fue entonces que su cuerpo desgarrado y su alma herida sangraron el uno en el otro; y, fusionándose así, le enloquecieron. Que fuera sólo entonces, en el viaje de regreso, tras el encuentro, cuando la monomanía se apoderó de él parece cierto con casi total seguridad a partir del hecho de que a intervalos, durante la travesía, fue un desvariante lunático; y aun desmembrado de una pierna, aun así, tal fortaleza se ocultaba todavía en su pecho egipcio, intensificada, además, por su delirio, que sus oficiales se vieron forzados a atarle, allí mismo, mientras navegaba, desvariando, en su coy. Dentro de un chaleco de fuerza se balanceó al encolerizado acunar de las galernas. Y cuando el barco, al alcanzar latitudes más tolerables, con afables velas de ala desplegada surcó los tranquilos trópicos y, según toda apariencia, el delirio del viejo pareció haber quedado tras él junto al oleaje del cabo de Hornos; y él salió de su oscura guarida a la luz y al aire benditos; incluso entonces, cuando portaba ese firme y compuesto semblante, pálido por demás, y de nuevo volvía a emitir sus calmadas órdenes; y sus oficiales agradecían a Dios que la terrible locura ya hubiera pasado; incluso entonces, Ajab, en su oculto ser, desvariaba. La locura humana es a menudo algo muy taimado y felino. Cuando crees que ha desaparecido, puede que sólo se haya transfigurado en una forma todavía más sutil. La enajenación absoluta de Ajab no disminuyó, sino que se contrajo, profundizándose; como el desenfrenado Hudson, cuando ese noble normando fluye angosto, aunque insondable, a través del desfiladero de las Highlands[55]. Mas al igual que en su monomanía de estrecho fluir no había quedado ni un ápice de la abierta locura de Ajab, en aquella abierta locura, de igual modo, no había perecido ni un ápice de su gran intelecto natural. Lo que antes era agente vivo, se hizo ahora vivo instrumento. Si puede sostenerse un tropo tan exasperado, su especial locura arremetió contra su general cordura, y la arrastró, y volvió toda su cañonería concentrada sobre su propia enajenada diana; de manera que, lejos de haber perdido su fortaleza, Ajab, para ese único fin, poseía ahora una potencia mil veces mayor que la que nunca había reunido con cordura para aplicar a cualquier objetivo razonable.