Moby Dick. Version ilustrada

Moby Dick. Version ilustrada

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sus tres lanchas desfondadas a su alrededor, y remos y hombres girando ambos en los remolinos, un capitán, tomando el cuchillo de la estacha de su quebrada proa, se había abalanzado sobre la ballena como un duelista de Arkansas sobre su enemigo, buscando ciegamente, con una hoja de seis pulgadas, alcanzar la vida profunda de brazas de la ballena. Ese capitán había sido Ajab. Y entonces había sido cuando, barriendo súbitamente bajo él su mandíbula inferior de forma de hoz, Moby Dick había cercenado la pierna de Ajab lo mismo que un segador una hoja de hierba en el césped. Ningún turco de turbante, ningún sicario veneciano o malayo podría haberle herido con mayor malevolencia aparente. Poca razón había entonces para dudar de que desde aquel encuentro casi fatal, Ajab hubiera albergado una fiera vindicación contra la ballena; caído por ello hasta tal punto en su frenética morbidez, finalmente había llegado a identificar con ella no sólo todas sus desgracias corporales, sino también sus agravios intelectuales y espirituales. La ballena blanca nadaba ante él como la monomaníaca encarnación de todas las malévolas potencias que algunos hombres de naturaleza profunda sienten roer en su interior, hasta que quedan viviendo con medio corazón y medio pulmón. Esa intangible malignidad que ha existido desde los inicios; a cuyo dominio incluso los modernos cristianos adscriben una mitad de los mundos; que los antiguos ofitas del Oriente reverenciaron en su estatua diablo… Ajab no se inclinó y la adoró, como ellos; sino que, transfiriendo delirantemente su noción a la aborrecida ballena blanca, mutilado como estaba, se arrojó contra ella. Todo lo que más enloquece y atormenta; todo lo que turba las salvaguardias de las cosas; toda verdad con malevolencia en sí; todo lo que parte los nervios y embota el cerebro; todos los sutiles luciferismos de la vida y el pensamiento; toda maldad estaba para el demente Ajab visiblemente personificada y transformada en algo susceptible de ser atacado, en Moby Dick. Él amontonaba sobre la blanca joroba de la ballena la suma de toda la rabia y todo el odio colectivo sentido por su entera estirpe, desde Adán; y luego, como si su pecho fuera un mortero, hacía estallar sobre ella el caliente proyectil de su corazón.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker