Moby Dick. Version ilustrada
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CAPÍTULO XLIV
LA CARTA
Si tras la tempestad que hubo la noche posterior a esa irracional ratificación de su propósito junto a su tripulación hubierais seguido al capitán Ajab abajo, a su cabina, le hubierais visto ir a una alacena en el yugo, y sacar un gran rollo arrugado de amarillentas cartas marinas, y desplegarlas ante sí sobre su mesa atornillada al suelo. Sentándose entonces a ella, le hubierais visto estudiar atentamente las diferentes líneas y sombreados que allí se mostraban a sus ojos; y con lento pero firme lápiz trazar rumbos adicionales sobre espacios que antes estaban en blanco. A intervalos acudía a pilas de antiguos cuadernos de bitácora que había a su lado, en los que estaban registradas las épocas y los lugares en los que, en distintas expediciones anteriores de diversos barcos, se habían visto o capturado cachalotes.