Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Mientras así estaba ocupado, la pesada lámpara de peltre suspendida de cadenas sobre su cabeza se balanceaba continuamente con el movimiento del barco, y lanzaba sin cesar brillos cambiantes y sombras de líneas sobre su arrugada frente, tanto que casi parecía que, a la vez que él marcaba líneas y rumbos en las arrugadas cartas, algún invisible lápiz también trazaba líneas y rumbos sobre la carta profundamente marcada de su frente.
Mas no era esta noche, en particular, en la que, en la soledad de su cabina, Ajab así cavilaba sobre sus cartas. Casi cada noche eran desplegadas; casi cada noche algunas marcas de lápiz eran borradas y otras eran sustituidas. Pues, con las cartas de los cuatro océanos ante sí, Ajab estaba hilando un dédalo de corrientes y torbellinos orientado al más certero logro de ese monomaníaco pensamiento de su alma.