Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Ahora bien, cuando digo que tengo por costumbre hacerme a la mar siempre que comienzan a nublárseme los ojos y me empiezo a inquietar por mis pulmones no quiero decir que de ello se deduzca que alguna vez me hago a la mar como pasajero. Pues para ir de pasajero tienes que tener necesariamente una bolsa, y una bolsa sólo es un trapo a menos que tengas algo en ella. Además, los pasajeros se marean… se tornan rencillosos… no duermen por las noches y por regla general no se divierten mucho. No, yo nunca me embarco como pasajero; ni tampoco, aunque puedo decir que algo tengo de lobo de mar, me hago nunca a la mar como comodoro, o capitán, o cocinero. La gloria y la distinción de esos cargos las dejo para los que las aprecien. Yo, por mi parte, aborrezco todo honorable y respetable esfuerzo, empleo y tribulación de cualquier tipo. Bastante tengo con cuidarme a mà mismo sin cuidar de barcos, bricbarcas, bergantines, goletas y demás. Y en cuanto a embarcarme como cocinero… aunque confieso que hay en ello cierto honor, pues el cocinero es una suerte de oficial a bordo… aun asÃ, nunca he acabado de verme asando aves de corral; aunque una vez asada, sensatamente untada de mantequilla y sesudamente salpimentada, no habrá nadie que hable de un ave asada con mayor respeto, por no decir reverencia, que lo haga yo. A la idólatra devoción de los antiguos egipcios por el ibis asado y el hipopótamo a la parrilla se debe que podamos observar las momias de aquellas criaturas en sus enormes hornos, las pirámides.