Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Aunque completamente anegada, la lancha estaba casi intacta. Nadando a su alrededor recogimos los flotantes remos, y atándolos a las bordas nos subimos de nuevo a nuestros puestos. Allí nos sentamos con el mar hasta nuestras rodillas, el agua cubriendo cada cuaderna y cada plancha, de forma que a nuestros ojos, que miraban hacia abajo, la suspendida embarcación parecía una lancha de coral que hubiera crecido hasta nosotros desde el fondo del océano.