Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —Queequeg —dije yo cuando me habÃan halado a cubierta, el último tripulante, y todavÃa estaba convulsionándome en mi chaquetón para sacudirme el agua—; Queequeg, buen amigo, ¿ocurren cosas de este tipo a menudo?
Sin mucha emoción, aunque empapado lo mismo que yo, me dio a entender que estas cosas sà ocurrÃan a menudo.
—Señor Stubb —dije yo, volviéndome a aquel prócer que, abotonado en su chaquetón de hule, estaba ahora fumando calmadamente su pipa bajo la lluvia—; señor Stubb, creo haberle oÃdo decir que de todos los balleneros que ha conocido, nuestro primer oficial, el señor Starbuck, es con mucho el más cuidadoso y prudente. Supongo, entonces, que lanzarse sin más, con la vela izada, a por una ballena que huye que vuela en una neblinosa borrasca es el súmmum de la prudencia en un ballenero.
—Ciertamente. Yo he arriado por ballenas desde un barco con una vÃa abierta, en una galerna en aguas del cabo de Hornos.