Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada ¡Unas calles tan tenebrosas! Manzanas de negrura, no de casas, a cada lado, y aquí y allí una candela, como una vela que se moviera ante una tumba. En esta hora de la noche del último día de la semana, ese barrio de la ciudad resultó estar casi desierto. Pero al poco llegué hasta una luz humeante que salía de un edificio bajo y ancho, cuya puerta estaba acogedoramente abierta. Tenía un aspecto descuidado, como si estuviera destinado al uso del público; entrando por tanto, lo primero que hice fue tropezar contra una caja de ceniza en el porche[7]. «¡Ja!, pensé, ja, mientras las partículas volantes casi me asfixiaban: ¿son éstas las cenizas de aquella ciudad destruida, Gomorra? Pero ¿Los Arpones Cruzados y El Pez Espada?… ¡éste entonces, debe ser necesariamente el rótulo de La Trampa!». Sin embargo, me recompuse, y escuchando dentro una potente voz, avancé y abrí una segunda puerta interior.
Parecía el gran Parlamento Negro sentado en Tofet. Un centenar de rostros negros se volvieron en sus filas para mirar; y, más allá, un negro Ángel del Juicio golpeaba un libro en el púlpito. Era una iglesia negra; y el texto del predicador versaba sobre la oscuridad de las tinieblas, y el sollozo y el lamento y el rechinar de dientes que allí se dan. «Ja, Ismael, murmuré, retrocediendo: ¡desdichado esparcimiento bajo el rótulo de La Trampa!»