Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada La primera lancha de la que tenemos noticia flotó en un océano que con portuguesa venganza[80] había anegado un mundo entero sin dejar ni siquiera una viuda. Ese mismo océano se mece ahora; ese mismo océano destruyó los barcos que naufragaron el año pasado. Sí, necios mortales, el Diluvio de Noé todavía no se ha retirado; todavía cubre dos tercios del hermoso mundo.
¿En qué difieren el mar y la tierra, que un milagro sobre uno no es milagro sobre el otro? Terrores preternaturales cayeron sobre los hebreos cuando, bajo los pies de Coré y su compañía, se abrió la tierra viva y los tragó para siempre; sin embargo, ni un solo moderno sol se pone sin que, precisamente de la misma manera, el mar vivo se trague barcos y tripulaciones.
Mas no sólo es el mar tamaño enemigo de ese hombre que para él es extraño, sino que también es un demonio para su propia descendencia, peor que el anfitrión persa que asesinó a sus propios convidados; no perdonando ni a las criaturas que él mismo ha parido. Igual que la tigresa salvaje que, revolcándose en la selva, aplasta a sus propios cachorros, así el mar arroja incluso a las más poderosas de las ballenas contra las rocas, y allí las deja, lado a lado, junto a los pecios quebrantados de los barcos. Ninguna piedad, ninguna fuerza salvo la suya propia lo controla. Jadeando y bufando como un corcel de batalla enloquecido que ha perdido su jinete, el océano sin amo arrasa el globo.