Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Los remeros echaron agua atrás; en el mismo instante algo caliente y silbante pasó a lo largo de cada una de sus muñecas. Era la mágica estacha. Un momento antes Stubb le habÃa dado dos vueltas adicionales sobre el tocón, donde, a causa de los giros cada vez más rápidos, un humo azul de cáñamo surgÃa hacia arriba y se mezclaba con las constantes fumaradas de su pipa. Igual que la estacha pasaba una y otra vez alrededor del tocón, asà también, justo antes de llegar a ese punto, pasaba y pasaba haciendo ampollas por ambas manos de Stubb, de las que accidentalmente se habÃan caÃdo los trapos de mano o cuadrados de lienzo acolchado que se suelen llevar en estas ocasiones. Era como tener agarrada por la hoja la espada de doble cortante filo de un enemigo, y que ese enemigo en todo momento tratara de arrancarla de tu presa.
—¡Moja la estacha!, ¡moja la estacha! —gritó Stubb al remero de cubeta (el que se sienta junto a ésta), que, sacándose el sombrero, arrojaba agua de mar a ella[83].
Se dieron más vueltas, de manera que la estacha empezó a retener. La lancha ahora volaba a través de la burbujeante agua, como un tiburón todo hecho aletas. Stubb y Tashtego cambiaron aquà de lugar —roda por popa—, una acción verdaderamente inestable en esa bamboleante conmoción.