Moby Dick. Version ilustrada

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En antiguas épocas parecen haber imperado las más curiosas fantasías referentes a estas persianas. En Purchas, un viajero las llama los portentosos «bigotes» de dentro de la boca de la ballena[98]; otro, «cerdas de puerco»; un tercer antiguo caballero, en Hacklyut, utiliza el siguiente refinado lenguaje: «Hay cerca de doscientas cincuenta aletas que crecen a cada lado de su quijada superior, que se arquean sobre su lengua a cada lado de su boca».

Como todo el mundo sabe, estas mismas «cerdas de puerco», «aletas», «bigotes», «persianas», o como os plazca, proporcionan a las damas sus corsés y demás artefactos afianzantes. Aunque en este particular, la demanda hace tiempo que ha ido disminuyendo. Fue en la época de la reina Ana cuando el hueso estuvo en su apogeo, siendo entonces el miriñaque lo más de la moda. Y al igual que esas antiguas damas, podría decirse, se movían de un lado a otro alegremente incluso en las fauces de la ballena; asimismo, en un aguacero, con similar inconsciencia, hoy en día corremos bajo las mismas fauces para protegernos, al ser el paraguas una tienda desplegada sobre el mismo hueso.




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