Moby Dick. Version ilustrada

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Una verdadera pena, sin embargo, que esta infortunada ballena haya de tener un labio leporino. La fisura es de alrededor de un pie de ancha. Probablemente la madre estaba navegando por la costa de Perú arriba, durante los meses principales, cuando unos terremotos hicieron que la playa se abriera[97]. Sobre este labio, como sobre un umbral resbaladizo, nos deslizamos ahora dentro de la boca. Palabra mía que si ahora estuviera en el Mackinaw, tomaría esto por el interior de un tipi indio. ¡Dios mío!, ¿es éste el camino que recorrió Jonás? El techo es de unos doce pies de altitud, y desciende en un ángulo bastante agudo, como si allí hubiera una parhilera; mientras que estos costados arqueados, nervados y peludos nos presentan esas portentosas placas medio verticales de hueso de ballena en forma de cimitarra, trescientas, digamos, a cada lado, que pendiendo de la parte superior de la cabeza o hueso de corona, forman esas persianas venecianas que han sido en otro lugar mencionadas de pasada. Los bordes de estos huesos están ribeteados de fibras pilosas a través de las cuales la ballena franca hace pasar el agua, y en cuyos laberintos retiene los pequeños peces cuando, con la boca abierta, atraviesa los mares de copépodo a la hora de la comida. En las persianas de hueso centrales, tal como están en su orden natural, hay ciertas curiosas marcas, curvas, huecos y resaltos, a partir de las cuales algunos balleneros calculan la edad de la criatura lo mismo que se calcula la edad de un roble a partir de sus anillos circulares. Aunque la exactitud de este criterio está lejos de ser demostrable, tiene, no obstante, el sabor de la probabilidad analógica. En cualquier caso, si lo aceptamos, debemos asignar a la ballena franca una edad mucho mayor de la que a primera vista parecería razonable.


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