Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Mientras estaba allí sentado a mis anchas, cruzado de piernas en cubierta; tras el duro esfuerzo en el molinete; bajo un tranquilo cielo azul; el barco a indolente vela, y deslizándose con tamaña serenidad; mientras bañaba mis manos entre esos blandos y suaves glóbulos de tejidos infiltrados, tramados apenas una hora antes; mientras se deshacían ricamente entre mis dedos, y descargaban toda su opulencia como las uvas maduras descargan su vino; mientras yo inspiraba ese aroma no contaminado… cierta y literalmente como el aroma de las violetas de primavera, declaro ante vosotros que en ese momento me hallé como en un aromático prado; me olvidé completamente de nuestro terrible juramento; lo limpié de mis manos y de mi corazón en aquel inestrujable esperma; casi empecé a dar crédito a la antigua superstición de Paracelso, según la cual el esperma es de singular virtud en la disipación del ardor de la ira: mientras me bañaba en ese baño, me sentí divinamente libre de toda animadversión, o petulancia, o malicia de cualquier clase que fuera.