Moby Dick. Version ilustrada

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El fogón del beneficio está instalado entre el trinquete y el mayor, la parte más espaciosa de la cubierta. Los tablones bajo él son de una peculiar robustez, apropiados para soportar el peso de una masa casi sólida de ladrillo y mortero de diez pies por ocho de planta y cinco de altura. La base no penetra en la cubierta, sino que la obra está firmemente sujeta a la superficie mediante pesados apoyos de hierro que la afianzan en todos sus lados y la atornillan a los tablones debajo. En los flancos está cubierta de madera, y en la parte superior completamente tapada por una gran escotilla inclinada, reforzada de travesaños. Al retirar esta escotilla quedan al descubierto los grandes calderos del beneficio, dos en número, cada uno de varios barriles de capacidad. Cuando no están en uso se mantienen notablemente limpios. A veces se pulen con piedra pómez y arena, hasta que brillan por dentro como poncheras de plata. Durante las guardias nocturnas algunos viejos marineros cínicos[117] gustan de subirse a ellos y acurrucarse allí, aislados, para echar una cabezada. Mientras están ocupados en pulirlos —un hombre en cada uno, lado a lado— se trasmiten muchas confidencias por encima de los labios de hierro. También es lugar para profundas meditaciones matemáticas. Fue en el caldero izquierdo del Pequod, haciendo círculos diligentemente ante mí con la piedra pómez, cuando por vez primera caí en la cuenta del notable hecho de que en geometría todos los cuerpos que se deslizan a lo largo de la cicloide, mi piedra pómez por ejemplo, emplean exactamente el mismo tiempo en descender desde cualquier punto.


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