Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Sin embargo, el sol no oculta la Ciénaga Siniestra de Virginia, ni tampoco la aborrecible Campagna romana, ni el vasto Sahara, ni todos los millones de millas de desiertos y de pesares bajo la luna. El sol no oculta el océano, que es el lado oscuro de esta tierra, y que constituye dos terceras partes de esta tierra. Asà es, por tanto, que el mortal que albergue en sà más alegrÃa que pena, ese mortal no puede ser sincero… no es sincero o es retrasado. Con los libros sucede lo mismo. El más sincero de todos los hombres fue el varón de dolores, y el más sincero de todos los libros, el de Salomón, y el Eclesiastés es el fino acero batido del dolor. «Todo es vanidad.» Todo. Este pertinaz mundo no ha asimilado todavÃa la sabidurÃa del pagano Salomón. Pero aquel que evita hospitales y cárceles, y que anda deprisa al cruzar los cementerios, y prefiere hablar de ópera que del Infierno; el que llama a Cowper, Young, Pascal, Rousseau, pobres diablos todos, hombres enfermos; y a lo largo de una vida sin preocupaciones invoca a Rabelais como extremadamente listo y, por tanto, jocoso… Ese hombre no es apto para sentarse en lápidas mortuorias y traspasar el verde y húmedo musgo junto al insondablemente extraordinario Salomón.