Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —No veo nada aquÃ, salvo una cosa redonda hecha de oro, y a quienquiera que aviste una cierta ballena, esta cosa redonda le pertenece. Asà que, ¿a qué viene todo este mirar? Vale dieciséis dólares, es cierto; y a dos centavos el cigarro, eso hace novecientos sesenta cigarros[119]. No me gusta fumar sucias pipas, como a Stubb, pero me gustan los cigarros, y aquà hay novecientos sesenta; asà que aquà va Flask a lo alto para avistarlos.
—Ahora, ¿qué digo que es eso, sabio o estúpido?; si de verdad fuera sabio, una cierta apariencia de estúpido tiene; no obstante, si fuera verdaderamente estúpido, entonces tiene una especie de apariencia sabia. Pero, alto; aquà viene nuestro viejo de la isla de Man… el viejo conductor de coches fúnebres, eso debió ser antes de que se hiciera a la mar. Orza ante el doblón; diantre, y da la vuelta al otro lado del mástil; diantre, hay una herradura clavada a ese lado; ya está de vuelta; ¿qué significa eso? ¡Escucha!, está murmurando… una voz como un viejo molinillo de café gastado. ¡Aguza el oÃdo, y escucha!