Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —Ahà está el viejo mogol —soliloquió Stubb junto al fogón del beneficio—, lo ha estado fisgando; y ahà sale Starbuck de lo mismo, y ambos con rostros que yo dirÃa que podrÃan tener cerca de nueve brazas de largo. Y todo por mirar a una pieza de oro que, si ahora la tuviera yo en Negro Hill o en Corlaer’s Hook, no la mirarÃa mucho antes de gastarla. ¡Hum!, en mi pobre insignificante opinión creo que esto es un poco extraño. Yo he visto doblones antes en mis viajes; los doblones de la vieja España, los doblones del Perú, los doblones de Chile, los doblones de Bolivia, los doblones de Popayan; además de cantidad de moidores y pistoles de oro, y de joes, y mediosjoes, y cuartos de joes. ¿Qué puede, entonces, haber en este doblón del Ecuador que sea tan terriblemente maravilloso? ¡Por Golconda!, voy a leerlo de una vez. ¡Vaya!, ¡verdaderamente, hay aquà signos y prodigios! Eso entonces es lo que el viejo Bowditch, en su EpÃtome, llama el zodiaco, y lo que mi almanaque llama de igual modo. Traeré el almanaque; y lo mismo que he escuchado que se pueden conjurar diablos con la aritmética de Daboll, probaré a sacar un significado aquà de estas extrañas curvipistas con el calendario de Massachusetts[118]. Aquà está el libro. Veamos ahora. Signos y prodigios, y el sol siempre está entre ellos. Ejem, ejem, ejem; aquà están… ahà van… todos vivos: Aries, el carnero; Tauro, el toro; ¡y Géminis!, aquà está el propio Géminis, los gemelos. Bien, el sol rueda entre ellos. SÃ, aquà en la moneda está justamente cruzando el umbral entre doce salones, todos en un ruedo. ¡Libro!, ahà mentÃs; el hecho es que vosotros, libros, debéis saber cuál es vuestro lugar. Nos dais las palabras y los hechos desnudos, pero nosotros venimos a aportar los pensamientos. Ésta es mi pequeña experiencia, al menos en lo que respecta al calendario de Massachusetts, y al libro de navegación de Bowditch, y a la aritmética de Daboll. Signos y prodigios, ¿eh? ¡Pena serÃa que no hubiera nada maravilloso en los signos, ni nada significativo en los prodigios! Hay una clave en alguna parte; espera un poco; chsss… ¡Escucha! Por Jove, ¡lo tengo! Mira, doblón, este zodiaco tuyo es la vida del hombre en un redondo capÃtulo; y ahora lo voy a leer, directamente del libro. ¡Vamos, almanaque! Para empezar: tenemos a Aries, el carnero… perro lujurioso que nos engendra; luego, Tauro, el toro… nos da un golpe, para empezar; después Géminis, los gemelos… es decir, la virtud y el vicio; tratamos de alcanzar la virtud, cuando, ¡he aquÃ!, viene Cáncer el cangrejo, y nos arrastra de vuelta; y aquÃ, yendo desde la virtud, Leo, un rugiente león, está en el camino… nos da unos cuantos feroces mordiscos y desabridamente nos toca con su zarpa; escapamos, y llamamos a Virgo, ¡la virgen!, ése es nuestro primer amor; nos casamos y pensamos ser felices para siempre, cuando de pronto surge Libra, la balanza… felicidad sopesada y descubierta en carencia; y mientras nos entristecemos por ello, ¡Dios mÃo!, cómo saltamos de pronto, cuando Escorpio, el escorpión, nos pica por la espalda; estamos curando la herida, y entonces, caramba, llegan las flechas por todas partes, Sagitario, el arquero, se está entreteniendo. Mientras arrancamos las flechas, ¡apartaos!, aquà está el ariete, Capricornio, o la cabra; a toda máquina viene lanzada, y de cabeza nos golpea; momento en que Acuario, el aguador, vierte su entero diluvio y nos ahoga; y para concluir, con Piscis, los peces, dormimos. Ahà hay un sermón escrito en lo alto del cielo, y el sol pasa por él cada año, y sin embargo sale de él tan vivo y tan alegre. Jovialmente, allá arriba, pasa girando a través del duro trabajo y de las dificultades; y de igual manera, aquà abajo, lo hace el jovial Stubb. ¡Ah, jovial es por siempre la palabra! ¡Adieu, doblón! Pero un momento; aquà viene el pequeño King-Post; a ocultarse ahora tras el fogón, y veamos qué es lo que tiene que decir. AhÃ; está delante; saldrá con algo ahora. AhÃ, ahÃ; está empezando.