Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —No pueden haber sido dedos de hada los que estamparon el oro, mas las zarpas del Diablo deben haber dejado allà sus huellas desde ayer —murmuró Starbuck para sÃ, reclinándose contra la amurada—. El viejo parece leer el horrible escrito de Baltasar. Nunca me habÃa fijado en la moneda con detenimiento. Se va abajo; voy a leer. Un oscuro valle entre tres portentosos picos que alzándose al Cielo casi parecen la Trinidad en un débil sÃmbolo terrenal. AsÃ, en este valle de muerte Dios nos circunda; y sobre nuestra entera desolación, el sol de la rectitud todavÃa brilla como un foco y una esperanza. Si inclinamos nuestros ojos, el oscuro valle muestra su fecundo suelo; mas si los alzamos, el brillante sol recibe nuestra mirada a medio camino, alegremente. Sin embargo, ah, el gran sol no es algo fijo; y si a medianoche se nos antoja obtener algún solaz de él, ¡en vano lo buscamos! Esta moneda me habla sabiamente, con gentileza, con verdad, aunque, aun asÃ, con tristeza. La dejo, no vaya a ser que la verdad falsamente me conmueva.