Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada
—Y arrancó ese brazo, ¿no? —preguntó Ajab, deslizándose ahora abajo del cabrestante, y apoyándose en el hombro del inglés al hacerlo.
—SÃ, al menos fue la causa de ello; ¿y esa pierna también?
—Contadme la historia —dijo Ajab—; ¿cómo fue?
—Era la primera vez en mi vida —comenzó el inglés— que hacÃa campaña en el ecuador. En aquel entonces yo no sabÃa nada de la ballena blanca. Bueno, un dÃa arriamos por un hato de cuatro o cinco ballenas, y mi lancha se aferró a una de ellas; un buen caballo de circo era, que iba moliendo y moliendo alrededor, de manera que la tripulación de mi lancha no podÃa sino equilibrar el plato sentando sus traseros en la borda exterior. En ese momento, se alza desde el fondo del mar una gran ballena brincadora con cabeza y joroba blancas como la leche, toda llena de patas de gallo y de arrugas.
—¡Era ella, era ella! —gritó Ajab, soltando de pronto su retenida respiración.
—Y arpones saliendo en la proximidad de su aleta de estribor.
—¡SÃ, sÃ… eran los mÃos… mis arpones! —gritó Ajab, exultante—. ¡Pero continuad!