Moby Dick
Moby Dick Durante los embates más violentos del tifón, el hombre a la caña de hueso de quijada del Pequod, había sido lanzado varias veces rodando por la cubierta a causa de los espasmódicos movimientos del barco, incluso a pesar de que a aquélla se le habían amarrado aparejos de refuerzo… pues estaban flojos… siendo indispensable cierto juego en la caña.
En un temporal como éste, cuando el barco sólo es un rehilete a merced de la embestida, no es en modo alguno extraño ver en ocasiones las agujas de los compases dar vueltas y vueltas. Así ocurrió con las del Pequod; casi en cada golpe, el timonel no había dejado de percibir la velocidad giratoria con que daban vueltas sobre las cartas: es una visión que difícilmente puede observar alguien sin cierta inusitada emoción.