Moby Dick
Moby Dick Unas horas después de medianoche, el tifón amainó lo suficiente como para que, gracias a los agotadores esfuerzos de Starbuck y Stubb —uno trabajando a proa y el otro a popa—, los zarandeados restos del foque y de las gavias del trinquete y el mayor fueran soltados de las vergas, y salieran revoloteando a la deriva a sotavento, como las plumas del albatros que a veces se sueltan al viento cuando ese pájaro en vuelo es sacudido por la tormenta.
Las tres nuevas velas correspondientes fueron ahora envergadas, se tomaron rizos en ellas y se largó más a proa una mayor de capa; de manera que el barco volvió a surcar las aguas con cierta precisión; y al timonel se le dio de nuevo el rumbo que debÃa seguir —por el momento Este-Sudeste—, si es que era practicable. Pues durante la violencia de la galerna el timonel sólo habÃa gobernado según los vaivenes de ésta. Mas ahora estaba llevando el barco lo más cerca posible de su rumbo, observando a la vez el compás; cuando, ¡hete aquà un buen augurio!, el viento pareció volver a venir de popa. ¡SÃ, el viento en contra se volvÃa a favor!
Instantáneamente se bracearon en cruz las vergas, la tripulación cantando de alegrÃa la animada canción «¡Ho!, ¡el viento a favor!, ¡ho-eh-ho, con alegrÃa, marineros!», por haber refutado tan prometedor suceso con semejante prontitud los malignos presagios que lo habÃan precedido.