Moby Dick
Moby Dick Esas islas rocosas junto a las que había pasado el barco eran el lugar de reunión de gran número de focas, y algunas focas jóvenes, que habrían perdido a sus madres, o algunas madres que habrían perdido a sus cachorros, debían haberse desplazado a las cercanías del barco y haberle acompañado, llorando o sollozando con su gemir de apariencia humana. Pero aquello sólo logró que algunos resultaran más afectados, pues la mayoría de los marineros alberga un muy supersticioso sentimiento con respecto a las focas, que no sólo se debe a sus peculiares tonos cuando están afligidas, sino también a la apariencia humana de sus redondas cabezas y semiinteligentes rostros, observados surgiendo del agua curiosos, junto al costado. En la mar, bajo ciertas circunstancias, las focas han sido más de una vez confundidas con hombres.
Mas las aprensiones de la tripulación estaban destinadas a recibir más plausible confirmación esa misma mañana, en el sino de uno de ellos. A la salida del sol, este hombre fue desde su coy a su turno al tope en el trinquete; y ya fuera que todavía estaba a medio despertar del sueño (pues los marineros a veces suben en un estado transitorio); que así fuera con este hombre, ya no es posible afirmarlo; sea como fuese, no había estado mucho en su percha cuando se escuchó un grito —un grito y un silbido—, y al mirar arriba vieron en el aire un fantasma que caía; y, mirando abajo, un pequeño cúmulo de burbujas blancas revueltas en el azul del mar.