Moby Dick
Moby Dick —Destrozo el cuadrante, el trueno invierte las agujas, y ahora el demente mar parte el cordel de la corredera. Mas Ajab puede repararlo todo. Halad aquÃ, tahitiano; rebobinad, marinero de Man. Y atended: que el carpintero haga otra barquilla, y vos reparad el cordel. Cuidaos de ello.
—Ahà va ahora; para él no ha pasado nada; pero para mà que parece que la broqueta se está soltando del centro del mundo. ¡Tira, tira tahitiano! Estos cordeles se desenroscan enteros, y girando: vienen rotos, y se recogen lentamente. Vaya, Pip, vienes a ayudar, ¿eh, Pip?
—¿Pip?, ¿a quién llamáis Pip? Pip saltó de la lancha. Pip se ha perdido. Veamos si no le habéis pescado aquÃ, pescadores. Se recoge con dificultad; supongo que se está sujetando. ¡SacudÃoslo, TahitÃ! Quitáoslo de encima; aquà no halamos de cobardes. ¡Ho!, ahà está su brazo, surgiendo del agua. ¡Una hachuela!, ¡una hachuela!, cortadlo… aquà no halamos de cobardes. ¡Capitán Ajab!, ¡señor!, ¡señor!, aquà está Pip, tratando de volver a bordo.
—Calma, loco chiflado —gritó el de la isla de Man, agarrándole del brazo—. ¡Fuera del alcázar!
—El mayor necio siempre riñe al menor —murmuró Ajab, avanzando—. ¡Fuera las manos de esa santidad! ¿Dónde dijisteis que estaba Pip, muchacho?
—Ahà a popa, señor, ¡a popa! ¡AhÃ, ahÃ!