Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Y quién sois vos, muchacho? No veo mi reflejo en las vacías pupilas de vuestros ojos. ¡Oh, Dios!, ¡que el hombre haya de ser algo en lo que a través suyo se criben las inmortales almas! ¿Quién sois vos, muchacho?

—El botones, señor; el pregonero del barco; ¡ding, dong, ding! ¡Pip! ¡Pip! ¡Pip! ¡Recompensa por Pip! Cien libras de barro… cinco pies de alto… apariencia cobarde… ¡conocido más prontamente como tal! ¡Ding, dong, ding! ¿Quién ha visto al cobarde Pip?

—No puede haber corazones por encima de la cota de nieve. ¡Oh, vos, Cielos helados!, mirad aquí abajo. Engendrasteis a este infortunado niño, y vos, libertinos creativos, le habéis abandonado. Aquí, muchacho; la cabina de Ajab será desde ahora el hogar de Pip, mientras Ajab viva. Tocáis mi más profundo centro, muchacho; estáis atado a mí por cordones tejidos con las cuerdas de mi corazón. Venid, bajemos.

—¿Qué es esto?, aquí hay una piel de tiburón de terciopelo —atentamente mirando la mano de Ajab, y palpándola—. ¡Ah, ya, si el pobre Pip hubiera palpado algo tan amable como esto, quizá nunca se hubiera perdido! Esto se me asemeja, señor, a un guardamancebo; algo a lo que las almas débiles se pueden agarrar. Oh, señor, permitid que el viejo Perth venga y remache estas dos manos juntas; la negra junto a la blanca, pues no la soltaré.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker