Moby Dick
Moby Dick Al parecer, ya caÃda la tarde del dÃa anterior, mientras tres de las lanchas estaban ocupadas con un hato de ballenas que les habÃa alejado unas cuatro o cinco millas del barco; y mientras todavÃa daban rápido acoso a barlovento, repentinamente, la blanca joroba y la blanca cabeza de Moby Dick habÃan surgido del agua azul no muy lejos, a sotavento; ante lo cual la cuarta lancha aparejada –una de reserva– habÃa sido instantáneamente arriada en su acoso. Tras apresurado navegar con viento de popa, esta cuarta lancha –la de quilla más rápida de todas– parecÃa haber logrado hacer presa… al menos hasta donde pudo decir al respecto el hombre del tope. En la distancia vio la menguada lancha convertida en un punto; y entonces un rápido brillo de burbujeante agua; y, después de eso, nada más; de donde se dedujo que la ballena alcanzada debÃa haber huido ininterrumpidamente con sus perseguidores, como a menudo sucede. Se produjo cierta aprensión, aunque por el momento ninguna verdadera alarma. Se colocaron las señales de repliegue en la jarcia; llegó la oscuridad… y forzó a recoger las tres lanchas alejadas a barlovento… antes de ir en busca de la cuarta en la dirección exactamente opuesta… no sólo siendo necesario que el barco abandonara esa lancha a su suerte hasta casi medianoche, sino también, por el momento, que aumentara su distancia respecto a ella. Mas estando el resto de su tripulación a salvo y finalmente a bordo, desplegó toda la vela –vela de ala sobre vela de ala– tras la lancha perdida; encendiendo un fuego en sus calderos como almenara; y con un hombre de cada dos a lo alto en su búsqueda. Mas aun cuando habÃa asà navegado una distancia suficiente para alcanzar el presumible lugar de los ausentes al ser vistos por última vez; aunque entonces se detuvo para arriar sus lanchas de reserva y que bogaran a todo su alrededor; y al no encontrar nada habÃa arrancado de nuevo, parado otra vez, y arriado las lanchas; y aunque asà habÃa continuado hasta el amanecer, no obstante, ni el menor atisbo se habÃa visto de la quilla perdida.