Moby Dick
Moby Dick Sofocando su alegrÃa, Ajab respondió negativamente a esta inesperada pregunta; y hubiera entonces bruscamente abordado al foráneo, cuando el propio capitán de éste, habiendo detenido la marcha de su nave, fue visto descendiendo por el costado. Unas pocas rápidas paladas, y su garfio de lancha pronto enganchó la mesa de guarnición del mayor, y él saltó a cubierta. Inmediatamente fue reconocido por Ajab como uno de Nantucket al que conocÃa. Pero no se intercambió saludo formal alguno.
—¿Dónde estaba?… ¡No ha sido muerta!… ¡No ha sido muerta! –gritó Ajab, acercándose–. ¿Cómo fue?