Moby Dick
Moby Dick —Bueno, fe, señor, sólo era como una exclamación… Eso es todo, señor.
—Hum, hum; seguid.
—Iba a decir, señor, que…
—¿Sois un gusano de seda? ¿Tejéis de vos mismo vuestro propio sudario? ¡Mirad vuestro pecho! ¡Despachad!, y apartad estos bártulos de la vista.
—Se va a popa. Bueno, ha sido súbito; pero las tormentas llegan súbitamente en las latitudes cálidas. He oÃdo decir que a la isla de Albermarle, una de las Galápagos, la corta el ecuador justo por la mitad. Me parece a mà que alguna clase de ecuador corta a este viejo, también, justo por la mitad. Siempre está bajo su lÃnea… ¡ardorosamente caliente, os digo! Mira hacia aquÃ… venga, estopa; rápido. Aquà vamos de nuevo. La maza de madera es el corcho, y yo soy el profesor de vasos musicales… ¡tap, tap!
(Ajab para sÃ.)