Moby Dick
Moby Dick —Me dicen, señor, que Stubb abandonó una vez al pobre Pip, cuyos huesos sumergidos ahora se ven blancos, a pesar de toda la negrura de su piel viva. Mas yo nunca os abandonaré, señor, como Stubb hizo con él. He de ir con vos, señor.
—Si me hablarais asà mucho más, el propósito de Ajab se enfriarÃa en él. No, os digo; no puede ser.
—¡Oh, buen amo, amo, amo!
—¡Gemid asÃ, y os mataré! ¡Cuidaos, pues también Ajab está loco! Escuchad y oiréis con frecuencia mi pie de marfil sobre cubierta, y sabréis que aún estoy allÃ. Y ahora os dejo. ¡Vuestra mano!… ¡Chocadla! Fiel sois, muchacho, como la circunferencia a su centro. AsÃ: que Dios os bendiga por siempre; y si se llega a eso… que Dios os salve por siempre, ocurra lo que ocurra.
(Ajab sale; Pip da un paso adelante.)