Moby Dick
Moby Dick Ahora bien, como se vio enseguida, lo que hizo este incidente del Raquel más patético aún fue la circunstancia de que no sólo había uno de los hijos del capitán entre la tripulación de la lancha perdida; sino que en las tripulaciones de las otras lanchas separadas del barco al mismo tiempo, aunque en la dirección opuesta, durante las tenebrosas vicisitudes del acoso, había habido otro hijo más; de tal modo que durante un cierto intervalo el desdichado padre estuvo sumido hasta el fondo en la más cruel perplejidad; que sólo fue resuelta para él por la instintiva adopción, por parte de su primer oficial, del procedimiento ordinario de un barco ballenero en esas emergencias, el cual es, al estar situado entre lanchas en peligro que están alejadas, recoger antes el mayor número. Mas el capitán, por alguna desconocida razón constitucional, había omitido mencionar esto, y hasta verse forzado a ello por la frialdad de Ajab no había aludido a este muchacho aún perdido; un pequeño chaval, de apenas doce años, cuyo padre, con la seria y firme entereza de un amor paternal de Nantucket, había así buscado iniciarle tempranamente en los peligros y maravillas de una vocación que casi inmemorialmente era destino de todo su linaje. Y no sucede infrecuentemente que los capitanes de Nantucket envíen a un hijo de tan tierna edad lejos de ellos tres o cuatro años a una prolongada expedición en algún otro barco distinto del suyo; de manera que sus primeros conocimientos de la carrera de ballenero no estén diluidos por alguna ocasional muestra de una natural, aunque inoportuna, parcialidad paterna, o una indebida aprensión o preocupación.