Moby Dick

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—Seré yo quien aviste por primera vez a la ballena, yo mismo —dijo—. ¡Sí! ¡Ajab ha de tener el doblón!

Y con sus propias manos aparejó un nido de bolinas en forma de cesto; y enviando a un marinero a lo alto con un motón, para que lo asegurara al tope del mayor, recibió los dos extremos del cabo guarnido hacia abajo; y, sujetando uno a su cesto, preparó una cabilla para el otro extremo, con objeto de atarlo a la regala. Hecho esto, con ese extremo aún en su mano y permaneciendo junto a la cabilla, miró alrededor a su tripulación, pasando de uno a otro; deteniendo su mirada sobre Daggoo, Queequeg, Tashtego; pero evitando a Fedallah; y entonces, fijando su firme ojo confiado sobre su primer oficial, dijo…

—Tomad el cabo, señor… lo dejo en vuestras manos, Starbuck.

Disponiendo entonces su persona en el cesto, dio la voz para que le izaran a su percha, y fue Starbuck el que finalmente aseguró el cabo, y el que posteriormente quedó cerca de él. Y así, sujetándose con una mano alrededor del sobremastelerillo, Ajab oteó millas y millas a lo lejos sobre el mar —a proa, a popa, a esta banda y a aquélla—, dentro del amplio círculo expandido que se dominaba desde tan gran altura.


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