Moby Dick
Moby Dick Y sin embargo, de algún modo, Ajab… en su propio ser, tal como diariamente, y a cada hora, y a cada instante, se revelaba en su autoridad a sus subordinados… Ajab parecía un noble independiente; el parsi meramente su esclavo. Mas de nuevo ambos se dirían enyuntados juntos, y que un tirano no percibido los condujera; la tenue sombra cubriendo la sólida cuaderna. Pues fuera este parsi lo que fuera, el sólido Ajab era todo él cuaderna y quilla.
En el primer y más débil resplandor del amanecer, su voz de hierro se escuchaba desde popa…
—¡Ocupad los topes!
Y durante todo el día, hasta después de caer el ocaso, y después del crepúsculo, se escuchaba la misma voz cada hora, al toque de la campana del timonel…
—¿Qué es lo que veis?… ¡Aguzad!, ¡aguzad!
Mas cuando hubieron transcurrido tres o cuatro días tras encontrar al Raquel buscador de niños, y siguió sin verse un surtidor; el monomaníaco viejo pareció desconfiar de la fidelidad de su tripulación; al menos de casi todos salvo los arponeros paganos; incluso pareció recelar de que Stubb y Flask pudieran intencionadamente pasar por alto la vista que él buscaba. Mas si estas sospechas lo eran verdaderamente en él, sagazmente se guardó de expresarlas en forma verbal, por mucho que sus acciones pudieran parecer sugerirlas.