Moby Dick

Moby Dick

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«Compañeros de tripulación, este libro, que contiene sólo cuatro capítulos —cuatro relatos—, es una de las más pequeñas filásticas en el poderoso cable de las Escrituras. No obstante, ¡qué honduras del alma sondea la sondaleza de profundidad de Jonás! ¡Qué fecunda lección es para nosotros este profeta! ¡Qué cosa tan noble es ese cántico en el estómago de la ballena! ¡Qué semejante a las olas y tempestuosamente grandioso! Sentimos las mareas derramándose sobre nosotros; sondeamos con él hasta el sargazoso fondo de las aguas: ¡las algas y todos los limos del mar están en torno a nosotros! Pero ¿cuál es esta lección que el libro de Jonás enseña? Compañeros, es una lección de dos filásticas: una lección para todos nosotros como pecadores, y una lección para mí como piloto del Dios viviente. Como pecadores, es una lección para todos nosotros porque es una historia del pecado, de la impiedad, de los temores repentinamente avivados, del pronto castigo, el arrepentimiento, las oraciones, y finalmente la salvación y la alegría de Jonás. Al igual que ocurre con todos los pecadores de entre los hombres, el pecado de este hijo de Amittai estuvo en su voluntaria desobediencia del mandato de Dios, que consideró un mandato arduo —no importa ahora cuál fuera ese mandato, o cómo se hiciera llegar—. Pero todas las cosas que Dios nos hace hacer son arduas de hacer para nosotros —recordad eso—, y de ahí que Él, a nosotros, nos ordene con mayor frecuencia que se esfuerza en persuadirnos. Y si obedecemos a Dios, debemos desobedecernos a nosotros mismos; y es en este desobedecernos en el que estriba la dificultad de obedecer a Dios.


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