Moby Dick
Moby Dick Entonces dedicamos nuestra atención juntos al libro, y yo logré explicarle el propósito de la impresión, y el significado de las pocas imágenes que había en él. De esta manera pronto capté su interés; y de ahí pasamos a charlar lo mejor que pudimos sobre las diferentes vistas que pueden observarse en esta famosa ciudad. En seguida propuse yo fumar una pipa en sociedad; y él, sacando su tabaquera y su tomahawk, serenamente me ofreció una bocanada. Y entonces nos sentamos, intercambiando bocanadas de esa extraña pipa suya, y pasándola puntualmente entre nosotros.
Si en el pecho del pagano todavía acechaba algo del hielo de la indiferencia hacia mí, esta agradable y afectuosa pipa que nos fumamos pronto lo derritió, y nos hizo compadres. Él pareció aceptarme con la misma naturalidad y espontaneidad que yo a él; y cuando terminamos de fumar apretó su frente contra la mía, me agarró alrededor de la cintura, y dijo que a partir de entonces estábamos casados; queriendo decir, a la manera de su país, que éramos amigos del alma: gustosamente moriría por mí si era necesario. En alguien del país, esta repentina llama de amistad hubiera parecido excesivamente prematura, algo de lo que desconfiar en alto grado; pero en este simple salvaje esas antiguas reglas no se aplicaban.