Moby Dick
Moby Dick Un barco de Sag-harbor visitó la bahía de su padre, y Queequeg pidió un pasaje a tierras cristianas. Pero el barco, al tener su dotación de marineros completa, rechazó su instancia; y ni siquiera toda la influencia de su padre, el rey, pudo conseguirlo. Mas Queequeg hizo un voto. Él solo en su canoa remó hasta un lejano estrecho que sabía que el barco debía atravesar cuando dejara la isla. De un lado había un arrecife de coral; del otro una lengua de tierra baja, cubierta con matorral de mangle que crecía hacia el agua. Ocultando su canoa todavía a flote entre este matorral, con su proa hacia el mar, se sentó en la popa, el remo abajo en la mano; y cuando el barco pasaba deslizándose, salió lanzado como un relámpago; ganó su costado; volcó con el pie su canoa y la hundió; trepó por las cadenas; y tirándose todo lo largo que era sobre la cubierta, se aferró allí a un cáncamo de argolla y juró no soltarse aunque lo despedazaran.