Moby Dick
Moby Dick Ante lo cual me contó otra historia. Las gentes de su isla de Kokovoko, parece ser, en sus fiestas nupciales exprimen la fragante agua de los cocos nuevos en una gran calabaza seca, como si se tratara de una ponchera; y esta ponchera siempre constituye el gran ornamento central de la estera trenzada en la que se celebra la fiesta. Ahora bien, un cierto notorio barco mercante arribó una vez a Kokovoko, y su comandante… según todas las fuentes un muy señorial puntilloso caballero, al menos en lo que le cabe a un capitán de barco… este comandante fue invitado a la fiesta nupcial de la hermana de Queequeg, una bonita princesa joven que acababa de cumplir diez años. Bien; cuando todos los invitados a la boda estaban reunidos en la cabaña de bambú de la novia, este capitán entra, y al asignársele el puesto de honor, se le coloca junto a la ponchera, y entre el gran sacerdote y Su Majestad el rey, el padre de Queequeg. Dichas las bendiciones… pues estas gentes tienen bendiciones, lo mismo que nosotros… aunque Queequeg me dijo que, a diferencia de nosotros, que en esos momentos miramos hacia abajo, a nuestros platos, ellos, por el contrario, copiando a los patos, miran hacia arriba, al gran organizador de todas las fiestas… dichas las bendiciones, digo, el gran sacerdote inició el banquete con la inmemorial ceremonia de la isla; esto es, introducir sus consagrados y consagradores dedos en la ponchera antes de que circule la bebida bendecida. Viéndose el capitán situado junto al sacerdote, observando la ceremonia, y pensando que él… al ser capitán de barco… tenía evidente precedencia sobre un mero rey de isla, especialmente en la propia casa del rey… tranquilamente procedió a lavarse las manos en la ponchera; tomándola, supongo, por un aguamanil.