Moby Dick
Moby Dick Pasaron un dÃa o dos y habÃa gran actividad a bordo del Pequod. No sólo se estaban reparando las viejas velas, sino que habÃa nuevas velas que llegaban a bordo, y rollos de lienzo, y bobinas de jarcia; brevemente, todo indicaba que los preparativos del barco se precipitaban hacia su término. El capitán Péleg raramente o nunca iba a tierra, sino que se sentaba en su tipi vigilando estrechamente a los trabajadores: Bildad hacÃa todas las compras y provisiones en los almacenes; y los hombres empleados en las bodegas y en la jarcia trabajaban hasta mucho después del anochecer.
Al dÃa siguiente a aquel en que Queequeg firmara los artÃculos se dio voz en todas las posadas en las que paraba la compañÃa del barco de que sus arcones debÃan estar a bordo antes de la noche, pues no se sabÃa cuándo zarparÃa la nave. Asà que Queequeg y yo llevamos nuestras pertenencias, decidiendo, no obstante, dormir en tierra hasta el final. Parece ser que en estos casos siempre avisan con mucha antelación, y el barco no zarpó durante varios dÃas. Pero no era de extrañar; habÃa un montón de cosas que hacer, y ni que decir cuántas en las que pensar, antes de que el Pequod estuviera totalmente equipado.