Moby Dick
Moby Dick —Dios os bendiga, y os tenga en su santa tutela —murmuró el viejo Bildad casi incoherentemente—. Espero que ahora tengáis buen tiempo, de manera que el capitán Ajab pronto pueda estar activo entre vosotros… Un agradable sol es todo lo que necesita, y tendréis cantidad en la expedición tropical en la que vais. Sed vosotros prudentes en la caza, oficiales. No desfondéis las lanchas sin necesidad, vosotros, arponeros; la buena plancha de cedro blanco ha subido un tres por ciento este año. No olvidéis vuestras plegarias, tampoco. Señor Starbuck, ocupaos de que ese tonelero no desperdicie las duelas de reserva. ¡Ah! ¡Las agujas de velamen están en la alacena verde! No deis en pescar demasiado en los dÃas del Señor, muchachos; aunque no perdáis tampoco una buena oportunidad: eso es rechazar los buenos dones del Cielo. Echad un ojo al tonel de la melaza, señor Stubb; perdÃa un poco, creo. Si fondeáis en las islas, señor Flask, guardaos de la fornicación. ¡Adiós, adiós! No tengáis demasiado ese queso abajo en la bodega, señor Starbuck: se estropeará. Sed cuidadosos con la mantequilla… A veinte centavos la libra era, y recordad, si…
—Venga, venga, Bildad, dejad de palabrear… ¡Partid! —y asà Péleg le urgió sobre la borda, y ambos descendieron al bote.