Moby Dick
Moby Dick Ahora bien, las distintas especies de ballenas requieren algún tipo de comprensiva clasificación popular, aunque sólo sea una de sencillo contorno por el momento, a rellenar en el futuro en todos sus apartados por posteriores contribuyentes. Como ningún hombre mejor se presenta para tomar esta materia en sus manos, yo en este momento ofrezco mis propios pobres empeños. No prometo nada completo; pues cualquier empeño humano pretendidamente completo debe, por esa misma razón, ser defectuoso. No intentaré una minuciosa descripción anatómica de las distintas especies, ni —al menos en este lugar— descripción extensa alguna. Mi objetivo aquí es simplemente proyectar el diseño de una sistematización de la cetología. Yo soy el arquitecto, no el constructor.
Aunque es una tarea de peso; ninguna sencilla clasificación de cartas en la oficina de Correos la iguala. Tantear hacia el fondo del mar tras ellas, tener las manos de uno entre los inefables fundamentos, la armazón y la propia pelvis del mundo, es algo aterrador. ¡Qué soy yo para poder intentar echarle el anzuelo a la nariz de este leviatán! Las atroces afrentas que hay en Job bien podrían espantarme. «¿Hará» (el leviatán) «un pacto con vos? ¡Atended, es vana la esperanza en él!»[40]. Pero yo he nadado a través de bibliotecas y he navegado a través de océanos; he tratado con ballenas con estas visibles manos: voy en serio, y lo intentaré. Hay ciertos preliminares que establecer.