Moby Dick
Moby Dick Otra cosa. Flask era la última persona abajo, en la comida, y Flask es el primer hombre arriba. ¡Pensadlo! Pues a causa de ello la comida de Flask quedaba malamente comprimida en lo que respecta al tiempo. Starbuck y Stubb, ambos, le llevaban la delantera; y, sin embargo, tenÃan el privilegio de demorarse al final. Si el mismo Stubb, que sólo está una pizca más alto que Flask, resulta no tener apenas algo de apetito, y muestra pronto sÃntomas de concluir su colación, Flask tiene entonces que apresurarse; ese dÃa no tomará más de tres bocados, pues va en contra de la santa costumbre que Stubb preceda a Flask en cubierta. Por eso fue que una vez Flask admitió en privado que desde que habÃa ascendido a la dignidad de oficial, desde ese momento, nunca habÃa conocido sino lo que era estar más o menos hambriento. Pues aquello que comÃa no tanto calmaba su hambre, como la mantenÃa imperecedera en él. La paz y la satisfacción, pensaba Flask, se han ausentado para siempre de mi estómago. Soy un oficial; pero cómo me gustarÃa echar el guante a un poco del vetusto buey en el castillo, igual que solÃa hacer cuando estaba delante del mástil. Ahà están los frutos de la promoción, ahà la vanidad de la gloria, ¡ahà la locura de la vida! Por lo demás, si asà fuera que un simple marinero del Pequod estuviera resentido contra Flask, en la condición de oficial de Flask, todo lo que ese marinero tendrÃa que hacer para darse una buena satisfacción serÃa ir a popa en el momento de la comida, y a través del tragaluz de la cabina echar un vistazo a Flask, sentado, necio y medroso, ante el terrible Ajab.