Moby Dick
Moby Dick Pero en la ocasión que nos ocupa esas marcas parecÃan más profundas, igual que su nervioso andar de aquella mañana dejaba una más profunda señal. Y tan repleto de su propio pensamiento estaba Ajab, que en cada giro uniforme que daba, ora hacia el palo mayor, ora hacia la bitácora, al volverse casi podÃais ver ese pensamiento volverse en él y, al andar, andar en él; de hecho, le poseÃa de manera tan completa que todo parecÃa sólo el molde interno de cada movimiento externo.
—¿Le estás viendo, Flask? —susurró Stub—. El pollo que tiene dentro picotea el cascarón. Pronto saldrá.
Las horas transcurrieron; Ajab ahora encerrado dentro de su cabina; al poco paseando la cubierta, con el mismo intenso fanatismo de intención en su aspecto.
El final del dÃa se acercaba. De pronto se detuvo junto a la amurada, e insertando su pata de hueso en la cavidad de broca que allà habÃa, y con una mano agarrando un obenque, ordenó a Starbuck que reuniera a todos a popa.
—¡Señor! —dijo el oficial, sorprendido ante una orden que, excepto en caso extraordinario, raramente o nunca se da a bordo.
—Reunid a todos a popa —repitió Ajab—. ¡Topes, eh! ¡Bajad!