Moby Dick
Moby Dick Aquí, por tanto, estaba este impío viejo de cabeza gris, persiguiendo con maldiciones alrededor del mundo a una ballena propia de Job; al frente, además, de una tripulación formada básicamente por mestizos renegados, y proscritos, y caníbales… moralmente debilitada, asimismo, por la incompetencia de la mera desasistida virtud o sensatez de Starbuck, la invulnerable jocosidad de la indiferencia y el descuido de Stubb, y la prevalente mediocridad de Flask. Tal tripulación, de tal manera dirigida, parecía especialmente seleccionada y dispuesta por algún infernal hado para ayudarle en su monomaníaca venganza. Cómo fue que respondieron con tal prodigalidad a la ira del viejo… por qué maligna magia fueron sus almas poseídas, para que a veces el odio de él pareciera suyo y la ballena blanca tanto el insufrible enemigo de ellos como el de él; cómo llegó a suceder todo esto… qué era para ellos la ballena blanca, o cómo, para su inconsciente comprensión, también podía haber parecido, de alguna oscura, insospechada manera, el resbaladizo gran demonio de los mares de la vida… Explicar todo esto sería sumergirse más hondo de lo que Ismael puede. El minero subterráneo que trabaja en todos nosotros, ¿cómo se puede decir dónde lleva su pozo a partir del sonido apagado y siempre cambiante de su pico? ¿Quién no siente el irresistible tirón del brazo? ¿Qué barca puede quedarse quieta ante un setenta y cuatro[57] que la remolque? Por mi parte, yo me dejé llevar por la licencia del tiempo y el lugar; y estando enteramente lanzado a enfrentarme a la ballena, nada podía ver en esa bestia salvo el más mortífero mal.