Moby Dick
Moby Dick Lo que la ballena blanca era para Ajab se ha señalado; lo que, en ocasiones, era para mí sigue sin decirse todavía.
Aparte de aquellas consideraciones más obvias referentes a Moby Dick, que no podían sino ocasionalmente despertar cierta prevención en el alma de cualquier hombre, existía otra idea, o más bien vago horror innominado, a él referente, que a veces, por su intensidad, sobrepujaba por completo a todo lo demás; y, no obstante, era tan misterioso y tan próximo a lo inefable, que casi desespero de exponerlo de manera comprensible. Era la blancura de la ballena lo que me aterraba por encima de todas las cosas. Mas ¿cómo puedo aspirar a explicarme aquí? Y aun así, de alguna velada, atropellada manera, explicarme debo, pues si no todos estos capítulos podrían no ser nada.
