Moby Dick
Moby Dick Es esta cualidad elusiva la que hace que la idea de la blancura, cuando es desligada de afiliaciones más afables, y emparejada a cualquier objeto terrorÃfico en sà mismo, incremente el terror hasta los más remotos lÃmites. Observad la evidencia del oso blanco de los polos y del tiburón blanco de los trópicos; ¿qué es, sino su tersa, cuajada blancura, lo que les hace ser el trascendente horror que son? Esa pavorosa blancura es la que imparte tal aborrecible delicadeza, más repugnante que terrorÃfica, al necio refocilo de su aspecto. De manera que ni siquiera el tigre de fieras garras, en su heráldica piel, puede hacer que se tambalee el valor, tanto como el oso o el tiburón cubiertos de blanco.
Reparad en el albatros: ¿de dónde provienen esas nubes de asombro espiritual y pálido espanto en las que ese fantasma navega en toda imaginación? No fue Coleridge el primero en hacer ese encantamiento; sino la modesta gran laureada de Dios, la naturaleza.