Moby Dick
Moby Dick Pero existen otros ejemplos en los que la blancura pierde toda esa extraña y accesoria gloria que la inviste en el caballo blanco y en el albatros.
¿Qué es lo que en el hombre albino de manera tan peculiar repele y suele chocar a la vista, hasta el punto de que a veces le rechazan sus propios familiares? Es esa blancura que le envuelve, algo expresado por el nombre que se le da. El albino es un hombre tan bien formado como cualquier otro —no tiene deformidad sustancial— y, sin embargo, ese mero aspecto de blancura generalizada le hace más extrañamente repulsivo que el aborto más espantoso. ¿Por qué ha de ser así?
Tampoco, en bastantes otros aspectos, la naturaleza, en sus menos palpables, aunque no menos maliciosas potencias, deja de incluir entre sus fuerzas este atributo que corona lo terrible. Por su aspecto nevado, el enguantado fantasma de los Mares del Sur ha sido denominado la galerna blanca. Ni en algunos acontecimientos históricos ha omitido el arte de la malignidad humana tan potente auxiliar. ¡De qué manera tan fiera realza el efecto de ese pasaje de Froissart, cuando, enmascarados con el níveo símbolo de su facción, los desesperados caballeros blancos de Gante asesinan a su alguacil en la plaza del mercado!