Moby Dick
Moby Dick Aunque ninguno sabe dónde residen los innombrados elementos de los que el mÃstico signo aporta semejantes indicios, no obstante, para mÃ, como para el potro, esos elementos deben existir en alguna parte. Por más que en muchos aspectos suyos este mundo visible parezca hecho en el amor, las esferas invisibles se formaron en el terror.
Mas aún no hemos resuelto el encantamiento de esta blancura, ni aprendido por qué con tanta fuerza apela al alma; y más extraño y mucho más portentoso… por qué, como hemos visto, es a la vez el sÃmbolo más significativo de los asuntos espirituales, qué digo, el propio velo de la deidad cristiana y, sin embargo, ha de ser, como es, el agente intensificador en las cuestiones más terrorÃficas para la humanidad.